Un paso valiente hacia lo desconocido: Carlos rompe su rutina y amplía sus relaciones en un enclave laboral

Carlos no usa palabras, pero su ejemplo habla por sí solo.

En el Centro Ocupacional María Josefa Recio de Hospitalarias Fundación Purísima Concepción, cada avance personal tiene un valor incalculable. El de Carlos, sin duda, lo tiene. Para una persona con autismo, los cambios pueden generar una gran incertidumbre. Pero él ha conseguido romper su rutina para comenzar unas prácticas en un enclave laboral. Y eso significa mucho más que empezar a trabajar.

Carlos no utiliza el lenguaje oral. Se comunica mediante lenguaje de signos. Algunos universales y otros creados por él. Ya le resulta complicado hacerse entender incluso con las personas que lo conocen, imaginemos el reto que supone hacerlo con personas nuevas.

Su incorporación a este entorno no solo es una experiencia laboral: es también un ejercicio diario de interacción social, de canalizar la ansiedad que le produce no ser comprendido a la primera, de enfrentarse con entereza a ese «no saber» cómo reaccionará el otro. Y seguir intentándolo.

Ahora acude tres veces por semana al enclave laboral de la empresa Forch, acompañado y sostenido por su familia y por Cristina Martín, su profesional de referencia, cuya implicación ha sido clave. Han caminado con él paso a paso, respetando sus tiempos, y demostrando que, con los apoyos adecuados, cualquier persona puede encontrar su lugar en el mundo.

Este proceso no habla solo de inclusión. Habla de superación, de confianza, de humanidad. Habla del derecho de cada persona a ser entendida, y del deber que tenemos como sociedad de aprender a escuchar también con los ojos y con el corazón.

El valor de acompañar: la mirada de Cristina Martín

Cristina Martín, su profesional de referencia, ha estado a su lado durante este proceso. Su experiencia también habla de retos, aprendizajes y vínculos que se construyen con respeto y tiempo:

“Cuando me ofrecieron la oportunidad de acompañar a un grupo de usuarios en unas prácticas en una fábrica, la primera sensación que tuve fue de miedo —cuenta Cristina—, por la responsabilidad de sacar adelante el trabajo en un entorno nuevo. Sin embargo, desde el principio logramos construir un equipo en el que todos somos iguales, con el objetivo de aprender, confiar y creer en nuestras capacidades.”

Cristina destaca la acogida de la empresa y del encargado, a quien llaman “nuestro jefe”, y la satisfacción de ver a las personas de nuestro centro que acuden ilusionados cada día: “La alegría en sus caras cuando vamos a la fábrica es la mayor recompensa. La experiencia ha sido muy enriquecedora, también para mí.”

Sobre Carlos, recuerda su conexión inmediata: “Nos conocíamos del taller, pero no tanto como su monitor. Desde el primer día conectamos muy bien. Carlos se ha adaptado de maravilla a las tareas, algunas de ellas incluso realizadas con mucha perfección. No se comunica con palabras, pero su lenguaje —a base de gestos y expresiones— ha sido entendido por sus compañeros y por los trabajadores. Y eso dice mucho.”

“Esta experiencia me ha ayudado a valorar aún más la paciencia, la empatía y la confianza en las capacidades de cada persona. Estoy muy agradecida por acompañarlos y aprender de ellos cada día.”

En Hospitalarias Fundación Purísima Concepción seguimos trabajando para hacer posibles estos avances. Porque lo importante no es la velocidad con la que se camina, sino el significado de cada paso dado. Y el de Carlos es enorme.

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