Cada vez somos más conscientes de la importancia de trabajar la educación emocional. Por medio de un cuento vivenciado, los más chiquitines del Colegio han descubierto a un personaje que está hecho un lío con sus emociones, un monstruo de colores al que han tenido que ayudar para ponerlas en orden.
A veces es muy complejo saber expresar aquello que nos pasa, pero usando el color como eje central del relato, se aprende a identificarlas: Amarillo para la alegría, azul para tristeza, el rojo la rabia, para la calma el verde, el negro para el miedo y el rosa representando el amor.
Una gran niña con coletas les ha mareado durante un buen rato, pero junto a las «grandes damas» de las emociones han conseguido por medio de la risa y la sorpresa, colocar cada hilo en su lugar, cada emoción en su sitio.
Mirando, tocando y sintiendo, muy atentos a los diferentes estímulos y a las reacciones, esta herramienta de autoconocimiento ha hecho que los más peques se sumerjan en los sentimientos que se llevan dentro, una manera muy divertida de aprender, pues «sin emoción, no hay aprendizaje».










